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Desde que aterrizas en el LEV te das cuenta de que no se trata de un festival más. Primero por el faraónico complejo que lo acoge, la Universidad Laboral de Gijón es una de esas joyas escondidas de la arquitectura española que todos deberíamos visitar al menos una vez en la vida, y segundo por el relajado ambiente que lo sostiene, con una casi perfecta organización donde no harás colas interminables para sofocar cualquier instinto de supervivencia que te surja y donde una sonrisa abrirá y cerrará cualquier conversación que tengas con alguno de sus numerosos operarios.

Comenzó para mí el festival el viernes con la actuación de Zat Lyons en el fabuloso Teatro de la Laboral. Su explosivo show de live cinema en el que reedita la banda sonora y alguna de las escenas de sus películas favoritas (esta vez en honor de Blade Runner) es, junto con su amasijo de beats y loops de viola que interpreta y resamplea en directo, un espectáculo sensorial que no deja a ningún espectador indiferente.

Continuó, también en el teatro, el colectivo audiovisual D-Fuse con su deconstrucción visual de la fábrica urbana en la que habitamos en una configuración multipantalla con intenciones holográficas que parece ser la nueva tendencia a seguir para un mayor acercamiento a la famosa, pero ya casi retro, realidad virtual.

De ahí pasamos a la Nave del Centro de Arte y Creación Industrial de la Laboral, donde discurrió el grueso de la programación nocturna, y que inauguró en esta edición Echtra, uno de los pocos grupos autóctonos que pudieron verse en el festival y que trataron de enganchar a la gente con su electro krautrock efectista y juguetón muy lejos de la propuesta general del LEV.

Continuó el espectáculo con James Blake, buque insignia de Hemlock Recordings, y considerado uno de los abanderados de la escena post-dubstep londinense. James nos saturó de sonidos convulsos, atmósferas tensas, beats de genética dubstep y acordes progresivos de raíces gospel y soul. Se dice que el jovencito británico será parte de esa nueva generación de jóvenes productores que sin duda tendrán un papel muy activo en el desarrollo y evolución de la música electrónica durante los próximos años, esperemos que no sea así.

Y para cerrar el viernes acabamos disfrutando de Dj Krush, considerado sin discusión el padre del hip hop abstracto, es uno de los artistas más impactantes que se pueden ver en directo a día de hoy. Dotado de ese talento especial que tan sólo está al alcance de unos pocos creadores, Krush tiene la capacidad de conseguir utilizar los platos de dj como auténticos instrumentos para la creación de sonido en directo. Sus dj sets trascienden continuamente los límites del dj y son la mejor muestra de las posibilidades infinitas de las que dispone, una técnica sin límite, un desarrollo en directo impecable y un sonido brillante.



Ya el sábado, la cosa se ponía más interesante. Comenzó la noche con la maravillosa y sorprendente propuesta de Aufgang, un trío francés formado por dos pianos de cola enfrentados y un batería. La avasalladora energía de Aufgang nace del encuentro de géneros opuestos, de la fuerza que transmiten los pianos de Francesco Tristano (colaborador habitual de Carl Craig y uno de los más prestigiosos intérpretes de Bach) y Rami Khalifé junto a la batería de Aymeric Westrich (batería de la mítica formación Cassius), del lenguaje propio que han conseguido desarrollar inspirándose en tendencias opuestas, en John Cage y la abstracción de la modern classical, en la herencia de la música barroca o el free jazz y el músculo del techno. Un espectáculo genial que encandiló a todo tipo de público y que con diferencia fue lo mejor de todo el festival.




Sin abandonar el teatro mas que para un necesario refrigerio después de semejante actuación, nos dispusimos a sumergirnos en otra fastuosa propuesta, esta vez con el punto de incisión colocado en lo visual, y mira que era el mismísimo Murcof el que ponía música, y digo bien ponía música, a la futurista representación del colectivo AntiVj. Alejados de los estándares que rigen la mayoría de configuraciones y técnicas en materia audiovisual, AntiVj son un claro ejemplo de colectivo artístico efervescente en constante evolución, preocupado por plantear propuestas arriesgadas que sorprendan al espectador. Instalaciones y directos donde las proyecciones en volumen, el mapping, las técnicas estereoscópicas, el tracking y la holografía son sus principales herramientas para estimular al público. Con una pantalla semitransparente y panorámica situada en el frontal del escenario (a la que sumaban alguna otra colocada en diferentes posiciones dependiendo de la necesidad) consiguieron crear atmósferas lisérgicas únicas que iban desde pesadillas biotecnológicas hasta escenas de recogimiento orgánico y placidez cósmica, pasando por escenas estereoscópicas de falsas dimensiones donde surgen rayos de luz que parecen flotar en el aire o rejillas geométricas que reaccionan al sonido con total vida propia e independencia. Estos visuales, generados en tiempo real (!!!) y que respondían a las texturas sonoras y espaciales de Murcof, potenciándolas infinitamente, fueron para mi gusto la sorpresa del festival.



Cambiamos de tercio y nos dirigimos de nuevo a la Nave para acabar la noche. Allí nos acogió Ben Frost con su ambient escalofriante, sus frecuencias cortocircuitadas, sus distorsiones y sonidos agudos, ayudado de su inseparable guitarra. Autor de uno de los discos más impactantes del año y posiblemente de toda la década, By the throat, según la crítica, este australiano de nacimiento e islandés no consiguió más que aburrir al personal, y es que el listón estaba muy alto.

Continuó la noche con la música de Kangding Ray y su banda. La música de David Letellier se encuentra en el límite entre la sensibilidad extrema y lo abstracto, entre la experimentación y la estructura pop, entre la textura digital y la calidez de la melodía. Su inteligente juego de construcción rítmica a base de loops, voces y microsonidos fue una experiencia que logró cotas de intensidad máximas.

Sin más de 5 minutos de espera (eso sí que es una buena organización y planificación de eventos) comenzó a sonar Signal, cuatro desaventajados nietos de Kraftwerk que creen que están inventando nuevas músicas por llevar al límite su continua investigación en las frecuencias del sonido y su estructura, en sus texturas y timbres; donde sus audiovisuales estaban a la altura de su sonido, refrito geométrico de sus abuelos a cámara rápida para volvernos a todos epilépticos.

Y por fin llegó uno de los platos fuertes del festival, Plaid, que regresaban al LEV para mostrarnos por primera vez en España su arrollador Classics live av. Un directo esencial para los seguidores de la música de baile inteligente y la electrónica audiovisual de máxima calidad. Ritmos cerebrales, melodías emocionales y ambientes inquietos son los parámetros con los que Plaid comenzó a escribir los límites de su personal universo hace años y con los que han llegado hasta hoy como un proyecto consolidado y con un discurso coherente como pocos. Su actuación fue dedicada y llena de color, consiguiendo conectar con todo tipo de público con humildad sonora y talento audiovisual. Un ejemplo a seguir.

Así terminaba para mí esta edición de uno de los festivales más sorprendentes y peculiares del panorama español, repleto de experimentación, novedades y ganas de darle la vuelta a la diferencia, lleno de arte ecléctico, nuevas apuestas y un gran derroche de originalidad y talento, y donde tanto el iniciado como el experimentado en este tipo de propuestas se puede sentir a gusto. Sólo tienes que llevar contigo la tan valiosa y necesaria curiosidad.

Autor: NELUE










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